¿Se separará Cataluña de España este 1ero de Octubre?

A muy pocas horas de que ocurra el evento más sensible de los últimos años en España, todos nos preguntamos por lo que pueda suceder. Algunos admiten argumentos con los ojos cerrados y el ciño apretado.  Otros fruncen el pensamiento evitando preocuparse.

Lo cierto de la situación es que, parece, irrevocable. Para un lado, que busca su autodeterminación, tal y como lo constituye el deber máximo de los derechos civiles. Otros, por evitar que su nación se separe; que a juicio de los catalanes no es así, porque asumen que nunca estuvieron realmente juntos.

Ahora bien, de separarse o no, hay muchos factores que debemos considerar.

Factores económicos

No debemos olvidar que Cataluña otorga a España al menos el 20% de su Producto Interno Bruto. Por lo que no sólo tuvo que financiar a la nación durante la crisis, sino que siempre se han considerado los mecenas de un gobierno ineficiente.

Un factor que no es menor, ya que consideran que de no haber estado en esa posición, su economía hoy fuera una de las mejores del mundo.

De hecho, al separarse, Cataluña tendría una economía más poderosa que la de Italia, por ejemplo. Un dato que, sin duda alguna, alienta a los más efervescentes en sus posturas independistas.

La posición internacional

El principal temor de los independentistas es la postura que tomarán las organizaciones internacionales y las demás naciones en torno a su independencia.

La ONU, la propia Unión Europea y hasta los países con los que mantienen vínculos comerciales estrechos (firmando a nombre de España) pudieran verse influenciados por una decisión de independencia, y las posturas posteriores nadie pudiera vislumbrarlas.

Cuentas pendientes entre ambos

Los catalanes no se olvidan de lo que el régimen de Francisco Franco les hizo durante los escalofriantes años de la década del 30 al 1975. Haberles prohibido mostrar sus rasgos culturales identitarios, haberles prohibido su idioma, y otros detalles no menores (como el asesinato de casi 4.000 personas), son cuentas que han quedado pendientes entre “España y Cataluña”, y sobre lo que los políticos de los gobiernos centrales se han negado a hablar.

Detalles todos, que combinados con la economía, nos hacen pensar que España podría estar peor sin Cataluña; pero Cataluña quizás podría estar mejor sin España. Aunque, en medio, hay una cicatriz que puede sanar rápidamente si se asume el compromiso con la altura que amerita el caso.

De momento, ni altura, ni caso, ni compromiso por parte de quienes deben actuar.