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Visiones dispares y ningún método de negociación: Así se vislumbra el 1-O

El movimiento separatista de Cataluña tiene tantos años de vida como la vida misma. De hecho, los historiadores no temen en hacer valer que existan más de 900 años de disputa entre España y la región de Cataluña, desde mucho antes de formar la España moderna.

En un resumen que se intensificó tras la crisis económica que vivió España entre el 2008 y el 2012, los catalanes no han hecho más que reafirmar su intencionalidad de ser completamente independientes de la Madre Patria.

Una independencia a la que el gobierno español, presidido por Mariano Rajoy, se opone firmemente.

Visiones dispares

La postura del presidente español siempre ha estado determinada por el conservadurismo. Es decir, por tratar en lo posible de mejorar en lo que sea estrictamente necesario; pero nunca echar mano de cambios que sean grandes, grotescos o irreversibles.

Para él, ciertamente, la separación de Cataluña sería una gran mancha dentro de su historial, e iría contra los principios de todas las organizaciones políticas que le acompañan.

Del otro lado, el periodista y líder de Cataluña, Carles Puigdemont, considera que España se aprovecha de lo económicamente solvente que es la Generalitat, por lo que no debemos olvidar que Cataluña otorga casi el 20% de todo el Producto Interno Bruto (PIB) que recibe la nación.

Cataluña otorga un 20%, mientras que el resto de las 16 Comunidades otorgan el 80% restante. Un negocio que a Puigdemont le sabe a poco, más si se afianza que han pasado por una crisis económica que, para los catalanes, pudo ser evitable o que pudo tener nulas consecuencias si su independencia ya estuviera saldada.

Silencio absoluto

Lo cierto de todo el caso es que este 1ero de Octubre los catalanes tienen acordado salir a votar, aun cuando el gobierno central de España ha adoptado medidas que a juicio de los propios catalanes, son totalitarias y anticonstitucionales.

Medidas todas que han dejado entrever que la posibilidad de diálogo es nula, que el compromiso por el bienestar de ambos pueblos ha quedado relegado al deseo de unos pocos. Unos por no permitir algo. Otros por desear su autodeterminación.

El equilibrio, hasta estas horas, parece no haberse encontrado. Más por el lado del gobierno central de España, que ha tomado medidas muy severas, cual dictadura franquista, situación que ha enardecido los ánimos y ha dado muchas más razones a los catalanes para creer en su única salida viable: la separación.

¿Se separará Cataluña de España este 1ero de Octubre?

A muy pocas horas de que ocurra el evento más sensible de los últimos años en España, todos nos preguntamos por lo que pueda suceder. Algunos admiten argumentos con los ojos cerrados y el ciño apretado.  Otros fruncen el pensamiento evitando preocuparse.

Lo cierto de la situación es que, parece, irrevocable. Para un lado, que busca su autodeterminación, tal y como lo constituye el deber máximo de los derechos civiles. Otros, por evitar que su nación se separe; que a juicio de los catalanes no es así, porque asumen que nunca estuvieron realmente juntos.

Ahora bien, de separarse o no, hay muchos factores que debemos considerar.

Factores económicos

No debemos olvidar que Cataluña otorga a España al menos el 20% de su Producto Interno Bruto. Por lo que no sólo tuvo que financiar a la nación durante la crisis, sino que siempre se han considerado los mecenas de un gobierno ineficiente.

Un factor que no es menor, ya que consideran que de no haber estado en esa posición, su economía hoy fuera una de las mejores del mundo.

De hecho, al separarse, Cataluña tendría una economía más poderosa que la de Italia, por ejemplo. Un dato que, sin duda alguna, alienta a los más efervescentes en sus posturas independistas.

La posición internacional

El principal temor de los independentistas es la postura que tomarán las organizaciones internacionales y las demás naciones en torno a su independencia.

La ONU, la propia Unión Europea y hasta los países con los que mantienen vínculos comerciales estrechos (firmando a nombre de España) pudieran verse influenciados por una decisión de independencia, y las posturas posteriores nadie pudiera vislumbrarlas.

Cuentas pendientes entre ambos

Los catalanes no se olvidan de lo que el régimen de Francisco Franco les hizo durante los escalofriantes años de la década del 30 al 1975. Haberles prohibido mostrar sus rasgos culturales identitarios, haberles prohibido su idioma, y otros detalles no menores (como el asesinato de casi 4.000 personas), son cuentas que han quedado pendientes entre “España y Cataluña”, y sobre lo que los políticos de los gobiernos centrales se han negado a hablar.

Detalles todos, que combinados con la economía, nos hacen pensar que España podría estar peor sin Cataluña; pero Cataluña quizás podría estar mejor sin España. Aunque, en medio, hay una cicatriz que puede sanar rápidamente si se asume el compromiso con la altura que amerita el caso.

De momento, ni altura, ni caso, ni compromiso por parte de quienes deben actuar.